El gran mito del gluten y por qué NUNCA debes quitarlo de tu dieta

El gluten ha formado parte de nuestra dieta desde hace miles de años, pero en las últimas décadas, el consumo de este alimento ha disminuido radicalmente. Esta proteína que se encuentra principalmente en algunos granos como el trigo y la cebada es un elemento fundamental de nuestra alimentación.

 

Esto se debe a que muchas de las vitaminas y minerales que nuestro cuerpo necesita se obtienen de granos, como el hierro, calcio y la fibra. Dejar de comer glúten sin la ayuda de un nutriólogo puede provocar deficiencias severas. ¡Y probablemente sea completamente innecesario!

 

Seguramente te preguntarás, si el gluten es tan importante para la dieta humana, ¿por qué lo dejamos de consumir?

El miedo al gluten empezó como lo hacen muchas otras dietas de moda y movimientos sociales sin fundamento: porque alguien, alguna vez, dio una explicación sencilla a un problema complejo.

En este caso, se cree que la persona que inició el movimiento “anti gluten” fue un médico llamado William Davis, aunque existen muchas historias distintas de cómo se popularizó el “gluten free”.

Davis publicó un libro llamado “Panza de trigo”, que rápidamente se convirtió en Best Seller, en el que culpó a este grano de provocar enfermedades como demencia, incontinencia, gangrena, problemas del corazón y obesidad. A pesar de que estos argumentos no fueron fundamentados con estudios, y de que se ha comprobado que son completamente falsos, el movimiento tomó fuerza y ahora cada vez más personas están haciendo de lado el gluten para “mejorar su salud”, sin obtener resultados.

De hecho, una de las dietas que sí se ha comprobado es de las más sanas del mundo es la mediterránea, y esta incluye cereales en la forma de panes y pastas como la base de la alimentación.

Si crees que puedes ser celíaco, ¡hazte la prueba! Solo un médico te puede diagnosticar este padecimiento, y los doctores estiman que menos del 1% de la población lo padece.

Los síntomas de esta enfermedad son: diarrea, fatiga, pérdida de peso, náuseas y vómito entre otros. Si no presentas estos síntomas, lo más probable es que no padezcas celiaquía.

Antes de eliminar el pan de tu dieta, considera sus beneficios para tu salud (y tus papilas gustativas), y mejor disfruta de tus alimentos favoritos con moderación.

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